Conectadamente inconexos
El futuro se extiende ampliamente a mi alrededor,
dejando huellas de lo que fue y de lo que se perdió.
Intento abrazarlo todo con una extraña admiración,
aunque no pueda evitar esa pizca de desazón.
He terminado con el papeleo, con las listas, con el agobio,
ese muro administrativo de un ahogo infernal.
Ahora que el ruido se apaga, reconozco el valor de lo obvio:
esta calma extraña es, por fin, mi estado natural.
Quiero ser capaz de convertir mi vacilación
en una hermosa luz que nos ilumine el camino.
Cuando éramos nada, cuando la vida nos comió,
aprendimos que el caos nunca fue nuestro destino.
Nos conocimos como seres incompletos,
conectadamente inconexos,
pero estamos en el aquí y el ahora,
sumando nuestros sueños,
para aprender, de nuevo, a caminar.
Ahora cierro una etapa, el empleo se desvanece,
no siento el vértigo de antes ni la prisa por correr.
Sé que el trabajo cambia, que el mundo a veces oscurece,
pero tengo el mapa claro: el refugio es nuestra red de ser.
Lo que no podría soportar es dejar de entenderte,
mi vida vagaría sin rumbo si no pudiera abrazarte.
Viví mucho tiempo en el límite entre dudar y confiar,
pero contigo, siempre elegiré lo segundo, sin vacilar.
Quiero ser capaz de convertir mi vacilación
en una hermosa luz que nos ilumine el camino.
Cuando éramos nada, cuando la vida nos comió,
aprendimos que el caos nunca fue nuestro destino.
Nos conocimos como seres incompletos,
conectadamente inconexos,
pero estamos en el aquí y el ahora,
sumando nuestros sueños,
para aprender, por fin, a caminar.
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