La marea que viene y va
Durante años fui el árbol donde os refugiasteis, la paciencia en la mesa y el saber que escuchasteis. Sabía que el mar venía, que la orilla se alejaba, y me fui despidiendo mientras mi sol se apagaba. No quise dejaros ruido, ni dudas, ni cuentas, solo el peso de un carácter que se calma en las tormentas. Me fui con paso lento, en silencio, como suelo, con la paz de quien sabe que os deja vuestro cielo. Y ahora que el tiempo estira nuestra distancia, solo os pido una cosa con toda mi relevancia: Ante todo sed buenos, que la bondad sea el faro, en un mundo que a veces se vuelve oscuro y raro. Recuerdo las clases, los números, los días, enseñarte que la lógica también era alegría. Las cartas en la mesa con la abuela y tu hermano, aquella complicidad que apretábamos con la mano. Bailamos en la cocina, tonteando entre las risas, mientras tú te tragabas las penas y las prisas. Vi tus lágrimas guardadas por hacerme feliz, y ese esfuerzo, pequeña, es mi mayor raíz. Me fui sabiendo que ella ...