El Filtro de las Luces

 ​Siempre fuimos tres, buscando la excusa de ser muchos;
por eso amo el desorden organizado, la casa llena, la prisa.
Me gusta el ruido que no es el mío, el calor que me anuncia,
la tregua forzada que diciembre siempre trae consigo.

​Es fácil decir que son fiestas impostadas, un teatro,
pero yo sigo comprando el brillo y la puesta en escena.
Envolver el regalo, ir a ver belenes, ese simple trato
que el alma necesita para sentirse, una vez más, plena.

​Pongo el filtro de las luces y dejo que el color me sane.
Me ciego con la guirnalda para no ver la herida,
y el mal rollo en la mesa de al lado se queda.
Elijo la calidez por encima del hastío, dejo que se esfume.

​Y aunque haya sillas vacías, y se sienta el silencio,
ellos están más presentes, se vuelven memoria viva.
Recordar es la forma más bella de decir "Yo te quiero,"
la prueba urgente de que la conexión no se olvida.

​Y por cada hueco, la familia ahora es más fuerte,
nuestro amor se suma a esta extraña tradición.
Es la prueba de que el presente puede ganarle a la muerte,
y cada nueva silla se llena de nueva luz y de razón.

​Porque la Navidad no es magia, es un acto de fe.
Es una pausa en el bucle que el año nos ha dejado.
El regalo no es lo que envuelves, sino ese abrazo fugaz
que nos recuerda, con urgencia, que no estamos solos.

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