El Bucle de Cristal

 Me han visto fuerte, me han visto de pie,
caminando sobre un suelo que creí firme.
Pero quien vive roto, sabe qué es caer,
y sabe que el reinicio siempre va a volver.

​Hay días de tregua, momentos de sol,
donde la vida parece que me recuerda su nombre.
Pero sé que es un respiro, no un farol,
y que el fantasma de la recaída nunca se esconde.

​Vivo en el miedo constante de volver al inicio,
a esa parálisis que roba mis horas y mi voz.
La vida en pausa, el mismo contínuo sacrificio,
el bucle que se cierra sin un porqué que se me hace atroz.

​Por fuera, sonrisas que pintan un día normal,
un lienzo de humor que nadie sospecha.
Pero por dentro siento el descenso brutal,
peldaño a peldaño, la tristeza que se junta.

​Siento que mi estado emocional pende de un hilo,
una cuerda tensa en la que no puedo confiar.
Y duele la verdad: que mi cuerpo es mi exilio,
y mi miedo a ser carga, la losa más familiar.

Vivo en el miedo constante de volver al inicio,
a esa parálisis que roba mis horas y mi voz.
La vida en pause, el mismo sacrificio,
el bucle que se cierra sin un porqué atroz.

Es agotador el peso de este cuerpo que duele,
la cuenta eterna de días que no se vivieron.
Un oasis de calma entre veinte que te duelen,
un alma sin fuerzas, prisionera de su propio encierro.

​No quiero que mis grietas sean tu paisaje,
intento ser un pilar, aunque sea de cristal.
Pero a veces solo soy un frágil equipaje,
condenada a volver al punto inicial.

​Quizás la belleza reside en saberse roto,
en encontrar valor en esta eterna marea.
Y seguir bailando, aunque el corazón esté ignoto,
hasta que la siguiente tregua, una vez más, nos vea.

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